jueves, 6 de diciembre de 2007

La boda de mi única hermana (Parte I)




En primer lugar, tranquilizar a mis fieles lectores (gracias Rosa): no me he arrepentido en absoluto, pero recuerda ¡estamos organizando una boda!


Si a esto le sumas un trabajo con horario flexible, es decir, en el que tienes que invertir más horas de las permitidas por la ley (algún día os hablaré de él), y algún hobbi, que en mi caso es la pintura, pues te encuentras con que, desgraciadamente el blog es el que sale perdiendo.

Y es que cuando se organiza una boda, todo el mundo enloquece un poco, o al menos así pasa en mi familia, la cual, hay que aclarar, ya está un poco perturbada de por sí, os comento algunos factores que parece ser se cumplen en estas situaciones:

Primero. Todo el mundo quiere adelgazar: no basta con que los novios se maten de hambre para que quede patente en las fotos de ese gran día que fue la única vez que estuvieron en su peso ideal en la vida, si no que el resto de la familia nos hemos visto también empujados por este torbellino de delgadez: mi abuelo ha convertido su paseo matutino en una maratón, mi abuela está pensando en apuntarse a clases de taití (en el lenguaje de mi abuela esto quiere decir tai-chi, aunque ella realmente se refiere a aerobic), mi madre ya no desayuna porras en el bar de abajo, mis tías cenan ensaladas a diario y yo, como hermana de la novia y rellenita oficial de la familia, de repente me he visto comiendo pescado a la plancha y bebiendo té rojo como si me fuera la vida en ello.

Pero no penséis que la cosa termina aquí… Lo mejor es que para ultimar los preparativos de tan importante celebración quedamos muy a menudo, y siempre en bares, por lo que, después de llevar una semana comiendo pollo seco y cenando pescado soso el fin de semana quedamos todos, nos tomamos unas cervecitas y acabamos comiendo en un restaurante en el que los alimentos no se hacen precisamente a la plancha. Si a esto le sumas la vida social fuera de la familia (amigos, conocidos, consejeros espirituales,… etc) con los que también tienes que verte de vez en cuando, resulta que te matas de hambre para nada, ¿hay algo más loco?

Segundo. Desde el mismo día en el que se comunica la noticia, sólo hay un tema de conversación, ¡lo habéis acertado! Bodas, bodas y más bodas.
Ejemplos prácticos:

- Hola abuela, ¿qué te ha dicho el médico?
- Nada importante, por cierto ¡he estado viendo unos zapatos que me irían genial para la boda!

*******

(A tu prima pequeña)
- Que sea la última vez que te veo fumando porros con esos macarras, ¿no tienes nada mejor que hacer que pasar las tardes con unos niñatos que sólo se dedican a escuchar regaeton y tunearse los coches? (con todo el respeto que esto me genera)
- Que sí, que vale… Oye, ¿crees que podré ir a la despedida?
- ¿Quién se va?
- ¡A la despedida de soltera!, ya sé que tengo quince años, pero paso por dieciocho.

Y podría seguir hasta aburriros tanto como lo estoy yo. La obsesión llega hasta tal punto que cuando voy a comprar tengo miedo de que la cajera del mercadona me pregunte, "bueno, ¿han decidido ya el menú?"

Tercero: todos los planes que hubieras podido hacer se van automáticamente a la mierda, olvídate de tu viaje a Marruecos en vacaciones, de las escapadas de fin de semana a un balneario, incluso de las tranquilas tardes de domingo viendo como se agrieta el gotelé de las paredes… Hasta que no lleguemos al bonito enlace (o cruel desenlace, según se mire), nadie tiene derecho a hacer nada, por un lado porque no va a tener un maldito euro en lo que queda de año, y por otro, porque las novias o novios tienen preferencia absoluta, cuando ellos te reclaman, tienes que acudir.

Ejemplo:

- ¿Has quedado esta tarde?
- Pues había pensado en ir al cine con un amigo y después…
- Es que voy a ir al restaurante "El cochinillo dorado" que está en la carretera de Porculandia y me haría mucha ilusión que vinieras, tía, para que me dieras tu opinión sobre el sitio y probaras el menú y eso.
Es decir, a tomar por saco la semana a dieta, y a tomar por saco el revolcón con algún amante eventual.

Cuarto y, de momento, último: en mi caso, por lo menos, al tratarme de la hermana mayor soltera, se da la feliz coincidencia de que siempre hay una hermana de mi abuela, una amiga del pueblo del primo segundo de mi cuñado, o algo así que me dice: "bueno, ¿y tú para cuando?" con una sonrisilla estúpida en la boca., "el treinta y cuatro de juliembre, señora"
No es que me moleste no casarme, de hecho, no creo que nunca lo haga (digo creo porque mi hermana decía lo mismo), y lo que sí puedo decir muy alto es que hago promoción y muy buen uso de mi soltería, pero, ¿por qué la gente se cree con derecho a meterse en la vida de los demás? Sobre todo si tienen más de 60 años.
En fin, que estoy cansada, estoy aburrida, enajená perdida, pero luego, veo a mi hermana y a mi cuñado, a mi tía y su respectivo, y a toda esa panda de locos que es mi familia con tanta ilusión, que no me queda otra que sentir que estos meses merecerán la pena.

Por cierto, esta tarde voy a comer al undécimo restaurante-asador en el undécimo kilómetro tal de la carretera cual, espero que sea el definitivo.

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