
Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) era poeta y pintor, obsesionado por la época medieval y por una mujer, Elizabeth Sidall, hija de un sombrerero, pintora de acuarelas y poetisa. Rossetti la dedicó prácticamente todas sus obras y poesías, y su relación duró diez años, en los que él no se decidía a casarse por la baja posición social de la mujer... El caso es que ella murió por una sobredosis de laúdano, la mayoría de los estudios apuntan a que fue un suicidio, poco después de haber dado a luz a un niño muerto.
Su belleza era la que defendían los prerrafaelistas, pelo rojizo, símbolo de sensualidad, aspecto débil, etéreo, ojos grandes, párpados casi transparentes. Después de su muerte, Rossetti enterró junto a ella todos los poemas que había escrito, negándose a publicarlos.
Poco después de la muerte de esta, él pintó "Beata Beatrix", cuadro en el que la representa en extásis moribundo, mucho más sexual que religioso, con un pájaro oscuro que porta una amapola, base del opio, que usó para matarse y al fondo, dos figuras borrosas y lejanas, que representan a Dante (él mismo) y el Amor... también se puede ver un reloj de sol, el tiempo que pasa... Puede ser que la idolatrara porque ella se mostraba siempre triste y lejana, o porque se sintió culpable por las innumerables infidelidades que cometió durante su relación, pero el caso es que, esta unión, ha dado varios de los cuadros más misteriosos y bellos del siglo XIX. Cuando se conocieron él la escribió:
Su belleza era la que defendían los prerrafaelistas, pelo rojizo, símbolo de sensualidad, aspecto débil, etéreo, ojos grandes, párpados casi transparentes. Después de su muerte, Rossetti enterró junto a ella todos los poemas que había escrito, negándose a publicarlos.
Poco después de la muerte de esta, él pintó "Beata Beatrix", cuadro en el que la representa en extásis moribundo, mucho más sexual que religioso, con un pájaro oscuro que porta una amapola, base del opio, que usó para matarse y al fondo, dos figuras borrosas y lejanas, que representan a Dante (él mismo) y el Amor... también se puede ver un reloj de sol, el tiempo que pasa... Puede ser que la idolatrara porque ella se mostraba siempre triste y lejana, o porque se sintió culpable por las innumerables infidelidades que cometió durante su relación, pero el caso es que, esta unión, ha dado varios de los cuadros más misteriosos y bellos del siglo XIX. Cuando se conocieron él la escribió:

“Tú has sido mía antes;
no sé decir hace cuánto fue:
pero cuando esa golondrina remontó,
y giró tu cuello, cayó algún velo;
lo supe al instante.”
Quizás Elizabeth era más cercana al sentimiento expresado por Christina Rossettti, la hermana del pintor y también gran poetisa, que dijo que “el artista masculino suele “alimentarse” del rostro femenino, pero no como es, si no como cumple sus sueños”:
“Vosotros (los hombres) hacéis el mundo en el que os movéis. Nuestro mundo (¡ay también lo hacéis vosotros!), y en sus estrechos confines, encerradas entre cuatro paredes vacías, nosotras representamos nuestros papeles”
En cualquier caso, se amaban, fueron felices, oscuros, tristes, distintos y melancólicos y su historia dio alas a obras que han llegado hasta nosotros como un precioso regalo de otras épocas y otros sentimientos... Quizás no tan lejanos


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