
Edith Piaf nació delante de una farola, en plena calle, cuando su madre salió a pedir ayuda ya que su padre había salido a celebrar el nacimiento para emborracharse como hacía habitualmente por las calles de París. Su abuela materna la alimentaba con vino en vez de leche, porque decía que así evitaría infecciones y el único cariño que encontró de niña fue el de las prostitutas del burdel regentado por su abuela paterna, sin embargo, o quizás por eso, se aferró al poder de su voz con desesperación, pasión y desenfreno.
Aquí tenemos otra mujer que vivió, amó y cantó como le salió del coño: su voz era la de un gorrión y su sed la de un marinero, su aspecto era frágil, pero la fortaleza de sus ojos tristes soportó una infancia penosa, la pérdida de su hija a los dos años y la del amor de su vida en un accidente de avión cuando se dirigía a verla... A él le dedicó una canción que tiene, ni más ni menos, que el nombre que se merece, "Himno al amor" y después siguió viviendo, amando y cantando, sin rendirse nunca, sin dejar de existir nunca, al menos en todos los corazones que, como el mío, palpitan más rápido cuando escuchan sus canciones.
Aquí tenemos otra mujer que vivió, amó y cantó como le salió del coño: su voz era la de un gorrión y su sed la de un marinero, su aspecto era frágil, pero la fortaleza de sus ojos tristes soportó una infancia penosa, la pérdida de su hija a los dos años y la del amor de su vida en un accidente de avión cuando se dirigía a verla... A él le dedicó una canción que tiene, ni más ni menos, que el nombre que se merece, "Himno al amor" y después siguió viviendo, amando y cantando, sin rendirse nunca, sin dejar de existir nunca, al menos en todos los corazones que, como el mío, palpitan más rápido cuando escuchan sus canciones.

